Si Michael Jackson muere algún día, tarde o temprano, que no sea
lejos de aquí. Estamos preparados para ello...”, me confió una vez
cierto agente de viajes en Israel. Y a fe que lo están, ahora que Tel
Aviv se ha convertido en
centro de peregrinación moderna para
espíritus inquietos, aventureros de la necesidad y heterodoxos de
diversa catadura. Hay países adscritos eternamente al concepto de Tierra
prometida e Israel es uno de ellos, con independencia incluso de los
vestigios que las tres grandes religiones monoteístas le dejaron. Dos
años atrás quedó finalista Tel Aviv como ciudad con mayor pujanza del
momento, al lado de Nueva York y Medellín (Colombia). Ahora su Pride
Parade llama a las puertas de Occidente, como gran Sodoma del holy land,
que a fin de cuentas no deja de ser referencia bíblica... “La media de
edad de nuestros peregrinos crece peligrosamente. Sería deseable que
rejuveneciese”, acababa diciéndome aquel touroperador, hace dos décadas,
cuando el turismo gay parecía reconocer solo divertidas capitales de la
libertad y la tolerancia sexuales en Amsterdam, Mikonos y San
Francisco.
Ciento cincuenta mil personas reunió el Price Parade el pasado 13 de
junio, a modo de aperitivo para las fiestas mayores que en Occidente
contempla el Orgullo Gay, caso del Love Parade berlinés o de las
lentejuelas con que lo celebra el muy castizo barrio de Chueca. Porque
Tel Aviv mide sus parámetros frente a las metrópolis de Europa y Estados
Unidos, no tanto de Medio Oriente y el Sureste Asiático. Reunió fuerzas
y efectivos la comitiva de la Price Parade en el Meir Park de Tel Aviv,
desfiló por el paseo marítimo que los israelíes compraron a los
palestinos hace un siglo y, llegada al Hotel Dan International, rompió
con espectáculos y diversión para todos los públicos. Buscaba el desfile
la normalización de opciones sexuales y lifestyle, antes que el
exhibicionismo, en una ciudad ya de por sí escaparate, habida cuenta de
los rascacielos de diseño que forman su skyline, entre su puerto moderno
y Opera Tower. Las cadenas Sheraton, Crowne Plaza y Carlton, entre
otras, se esforzaron en Tel Aviv para hacer sentir al visitante que allí
levantaron edificios inteligentes, a espaldas de la estandarización de servicios e instalaciones que pueda confundirle de objetivo turístico.
Soluciones estéticas
Nació
Tel Aviv en 1909 como experimento de la arquitectura garden city,
extramuros del asentamiento milenario que Yafo le brindaba, frente al
Mediterráneo Oriental. Al poco, en los años 30 ya se habían asentado
allí los creadores de la escuela Bauhaus, atados de pies y manos en su
Alemania natal como para poner en práctica, sobre el terreno, croquis
visionarios acerca del confort por venir en la gran urbe. Nada mejor que
una ciudad por levantar, a expensas del sionismo, para experimentar con
nuevas soluciones residenciales, a la par que estéticas. Prueba de
aquella praxis artística viene a ser todavía el Boulevard Rothschild de
Tel Aviv, donde
mayor número de balcones y cornisas de estilo internacional se concentran por metro cuadrado.
Y es que en Tel Aviv hay que hablar de metros y no de kilómetros
cuadrados, considerando que crece hacia arriba, a falta de terreno hacia
el que expandirse. De ahí también su carestía.
Mucho y rápido
evolucionó el modus vivendi de la capital económica israelí, desde que
en 1906 fue planificada por la convención judía en Yafo y levantada, a
continuación, por la cooperativa Ajuzat Bait. Se desarrolló poco después
a partir la península del río Yarkon, con pabellones de feria y
edificios paradigmáticos como el Orient Fair, con los arquitectos
bauhaus manos a la obra. Tanto es así que en el 2003 se declaró
Patrimonio de la Humanidad su modelo de Ciudad blanca y cúbica, a modo
de prehistoria, cara al futuro galáctico que esperaba a ciudad tan
paradigmática. Llegaron a su perímetro los malls al estilo
norteamericano, las piscinas en las azoteas contra la calima, los clubes
náuticos, distintas modas revival y el carril bici, poco antes de
refundarse Silicon Valley a sus afueras como Silicon Wadi, con el parque
tecnológico gracias al cual dicen que Israel sorteó la crisis económica
de Occidente. A la cabeza de las corporaciones hi-tech, en torno a
centros de investigación financieros, la Tel Aviv Stock Exchange opera
en lo que podría traducirse como río de la silicona, atendiendo a la
etimología de la voz semita wadi. Allí también nacen las operaciones de
ingeniería bursátil que apuntalan la economía israelí.
El tesoro insólito de la diáspora
Tel
Aviv se llamaba, en el siglo IV, el barrio de la legendaria Babilonia
desde el cual los rabinos mandaban emisarios a los puntos cardinales del
éxodo judío, con respuestas de escuela talmúdica a las dudas rituales,
jurídicas o cabalísticas que surgían en las comunidades europeas o
norteafricanas adscritas a Yahvé. Lo cuenta el Beth Hatefutsoth, Museo
de la Diáspora en la ciudad, cuyo tesoro insólito viene a ser una
reproducción de la pintura figurativa hallada en las sinagogas del
yacimiento sirio Dura Europos. Algo totalmente inconcebible para el
judaísmo tradicional, lo mismo que para el Islam de periodos no omeyas.
También el topónimo Tel Aviv alude literal y conceptualmente a la
“colina de la primavera”, en boca de los sionistas que dieron contenido
político al imaginario bíblico de la “tierra prometida”. La ciudad
histórica de Yafo que la vio crecer, emprendedora entre inmigraciones
del desarraigo en el siglo XX, custodia ahora los usos y costumbres en
el Creciente Fértil, al sur de su línea costera denominada Gush Dan.
Por
Florentin atiende el soho estudiantil y por Neve Tzedek el distrito
que, en el Tel Aviv meridional, desdice esa regla no escrita según la
cual el norte de las ciudades siempre presenta mayor desarrollo que el
sur. Será por eso que a veces perdemos el norte... Se abre camino en el
centro de la ciudad la autopista Ayalon, poniéndole velocidad a su
distrito financiero, en el que reina el Azrieli Business Center,
conectando con un centro comercial sus tres rascacielos. Quedan al norte
las facultades universitarias de Tel Aviv, así como el Parque Hayarkon y
los perímetros residenciales de Ramat y Afeka. Pactan, sin embargo, a
la altura de Allenby los distintos ambientes y niveles adquisitivos que
coexisten en Tel Aviv. Porque allí el colorido del Carmel Market convoca
todos los bolsillos, igual que el renovado Teatro Habima, institución
de la gran dramaturgia nacional. Un centro también renovado, que conoció
su fundación en la diáspora de Moscú, allá por el año 1905, trasladando
después su atrezzo, sus libretos y dicción idish, hebrea de
Centroeuropa, a Tel Aviv. Calderón había dejado dicho en las tablas que
“la vida es sueño”... Y para saber hasta qué punto es cierto, antes de
abandonar Tel Aviv basta con asomarse a sus subastas de pintura y
antigüedades en Matsart, alcanzada la Frishman Street. De astronómicas
pueden calificarse sus cifras, antes que cualquier telescopio.
Diseño Bauhaus 1930
Hizo
fortuna Tel Aviv, allá por los años 30, cuando los arquitectos alemanes
que le daban altura y nivel de lifestyle recibieron allí carta blanca
en pro del urbanismo residencial que no admitía el perímetro de la Vieja
Mittleeurope, abigarrado y secular. A resultas de sus planos, pues, la
desde entonces conocida como Ciudad Blanca ganó el bulevar de Rothschild
y la plaza Dizengoff para la causa artística. Hasta cuatro mil
edificios se levantaron en una década según el también denominado
“estilo internacional”, modelo avant-garde, bajo delineación de, entre
otros, Shlomo Bernstein, Munio Gitai-Weinraub y Samuel Mestechkin. El
trazado futurista en Tel Aviv lo inyecta, ahora, su línea marítima de
hoteles. Es más, en los alrededores de Rothschild muchos edificios
Bauhaus piden a gritos aggiornamento desde que
la Unesco los declaró Patrimonio de la Humanidad
en el 2003. De cualquier forma, los locales de copas y restaurantes
bohème abiertos en el espacio Bauhaus de Tel Aviv, concebido
inicialmente como ciudad-jardín, apuestan de nuevo por los ismos. Sus
ventanas retranqueadas, tejados planos y soportales bajo pilar
proporcionan escenario al empuje con que muchos artistas experimentales
imaginan el porvenir de su ciudad, aquí y ahora. Más datos sobre tours y
visitas guiiadas en el Bauhaus Center (
www.bauhaus-center.com).
Orgullo gay en invierno y 13 km de playas
Tel Aviv, calificada en numerosas ocasiones como
mejor destino LGTB
(siglas que designan colectivamente a lesbianas, gais, bisexuales y
transexuales), celebrará el primer orgullo gay de invierno entre los
días 24 de diciembre y 7 de enero. Mientras que Europa está bajo
temperaturas invernales, Tel Aviv, con su promedio de 300 días soleados
al año, disfrutará durante esas fechas de unas cálidas temperaturas que
rondarán los 20 ºC. Además, la ciudad ofrece trece kilómetros de playas
mediterráneas, deportes acuáticos, una vibrante vida nocturna,
escenarios culturales, variada gastronomía nacional e internacional y
muchos atractivos más. Es, por tanto, un destino original y cálido para
pasar las vacaciones navideñas. Diversión y cultura se unirán durante
las celebraciones del citado festival LGTB, y las actividades serán
gratuitas en su gran mayoría. Durante el día, el escenario principal de
los eventos serán el paseo marítimo y la playa. Por la noche, la ciudad,
que nunca duerme durante estos días, ofrecerá fiestas y eventos
especiales en los clubes de la órbita LGTB.